Antitaurino siempre.

Posted on Mai 4, 2007. Filed under: catarsis |

    Hola, soy de un país extranjero. Está muy lejos de aquí, pero, tenemos muchas cosas en común. En mi país, tenemos una gran cultura, pero, lo que más llama la atención de mis compatriotas es su coraje y su furia.     

     Ayer me encontré un perro en la calle. Lo subí a casa y lo dejé en la terraza. Le di agua y comida. Al principio estaba desconcertado, pero, poco a poco, empezó a correr por toda la terraza. El perro parecía disfrutar corriendo y saltando. Entonces decidí ser un valiente, le corté las uñas y le quité algunos dientes. Después, como el animal seguía nervioso, le di unos calmantes.    

      Cuando estaba más tranquilo, me encomendé a mi Dios y, le pedí protección. Iba a ejecutar el acto más valiente de mi vida, el hombre contra la bestia.      

         Llame a mis amigos y, soltamos al perro por la terraza. Él corría sin rumbo, dando vueltas, buscando una salida. Pronto, empezaron mis amigos a correr delante de él y, cuando me sentí preparado, lo hice yo también. Cuando el animal empezó a sentir el cansancio, llegó el momento de que mis ayudantes le clavasen con el mayor arte del mundo unas agujas que quedaron colgando de su lomo. Algunas caían al suelo al resbalar con la sangre, pero, fue mágico ver a todos aquellos hombres, enfrentándose al animal y, cuando sentían miedo se escondían tras un muro y aparecía otro con más agujas.      

       Después de las agujas, empezaron mis vecinos a asomarse a mi terraza. Todos me insultaban, se volvían lokos, nunca habían visto semejante acto de crueldad. Tras los insultos, volví a salir del muro donde me escondía. Esta vez con un cuchillo de la cocina, grande y afilado. Encaré al animal aturdido que ya no podía casi mantenerse en pie. Se hizo el silencio y, entonces, cuando empezó a moverse hacia mí, se lo clavé con todas mis fuerzas. Fue sublime, limpio, pero contundente. El animal cayó al suelo fulminado. Entonces los vecinos empezaron a lanzarme cosas, yo no entendía por qué. Me había atrevido, yo sólo y sin ayuda a enfrentarme con un animal.       

       Mis amigos se acercaron al cadáver de la bestia y le cortaron las dos orejas y, más tarde, también le cortaron el rabo. Todo esto mientras lo arrastraban por toda la terraza, dejando un rastro de sangre en el suelo.  

¿No soy un héroe? ¿Acaso soy un sádico?

    ¿Por qué no puedo hacer con un perro, lo que ustedes hacen con los toros?

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Una resposta to “Antitaurino siempre.”

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Le ha faltado añadir que se vistió como un payaso dorado con un gorro absurdo para realizar semejante hazaña.

A más de uno se le tendría que dar a leer esto…


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